sábado, 17 de diciembre de 2022

Microcuentos 61- 65

 61

Lo aterrador no fue ver los cadáveres de mis padres. Lo aterrador fue descubrir el cuchillo ensangrentado en mis manos.

Pero más aterrador era aquella voz en mi cabeza.

—Bien hecho, —dijo—. Bien hecho. ¿No crees que es hora de hacerle una visita al resto de la familia?

viernes, 16 de diciembre de 2022

Ebrio

Estaba ebrio en mi habitación. Había empezado a tomar desde las primeras horas de la tarde. Cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta, ya era casi media noche. No tenía idea de quién podía ser, con todo, fui a abrir.

Era Mary, una jovencita que vivía a pocas cuadras de mi casa, de quien, admito, estaba prendado.

―Hola ―dije, sorprendido―. ¿Qué haces aquí?

―Supe que estás tomando y pensé que podrías invitarme una cerveza.

Era mi sueño hecho realidad. ¿Cuántas veces había soñado con algo así? Creo que siempre.

martes, 13 de diciembre de 2022

Cuentos de terror

 Se reunieron en el patio trasero de la casa de Miguel, ese día no estaban sus padres. El patio trasero de una vieja casa no es el mejor lugar para hacer una fogata, pero Miguel y sus dos amigos así lo hicieron. Llevaron salchichas, cervezas y se dispusieron a pasar una velada memorable.

El primero en contar un cuento fue Agustín:

—Esto es algo que le sucedió a mi abuelo —empezó, dando un sorbo a su lata de cerveza—. Mi abuelo, amigos, era un hombre avezado, valiente e intrépido. Nada ni nadie lo asustaba. Cazaba en los bosques más lejanos y recónditos, pescaba en los ríos más caudalosos y profundos; peleó contra leones y cocodrilos, pisoteó serpientes de gran envergadura, comió gusanos y bichos cuando, era eso o morir de hambre… No ahondaré más. Imagino que ya os quedó claro que mi abuelo no temía a nada.

»Hasta que lo vio a él, al hombre sin rostro, o, de los mil rostros, porque puede adoptar como suyo el rostro de cualquier persona. Él mismo me lo contó, en los días posteriores a su desaparición.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Microcuentos 56-60

56

Le acaricié una mejilla y me sonrió. ¡Qué hermosa era!

—Te amo —le dije.

—Y yo a ti.

Besó el dorso de mi mano y luego mi boca.

Y pensar que no sería tan feliz si al final no hubiera matado a su novio.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Hambre

 La tormenta afuera era atronadora, demencial. Los truenos retumbaban con fuerza en los cielos y los relámpagos convertían la noche en día con asiduidad. Matías no les tenía miedo a tales fenómenos de la naturaleza, pero tenía que admitir que esa noche había algo diferente, y no por primera vez se preguntó qué hacía viviendo tan lejos del poblado más cercano.

Se asomó a la ventana por enésima vez, casi como si esperara ver algo raro afuera. Que esperara ver algo era una cosa, que en efecto la viera, otra muy distinta. De manera que cuando vio a la niña de rodillas frente la verja de la cerca de su jardín, se llevó una impresión como pocas. Pese a lo ruidoso de la tormenta, escuchó la voz suplicante de la jovencita.

―¡Ayuda! ―gimió.

¿Qué hacía una niña, a tan altas horas de la noche, tan lejos del pueblo?

viernes, 25 de noviembre de 2022

El loco

 ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Pero no, no estoy loco, al menos no lo estaba esos días. Ahora quizá sí. Estas cuatro paredes acolchadas, la prenda elástica con que me sujetan cuando la cojo contra los médicos, la soledad de mi cubículo, el lento transcurrir de los días, el ansia de libertad que oprime mi pecho; eso sí que es para volverse loco. Pero no, no estoy loco.

¿Qué querían que hiciera? ¿Quedarme de brazos cruzados mientras mi esposa me jugaba la vuelta? No, ¿verdad?, por supuesto que no.

Habíame casado con mi infiel esposa siendo ambos aún muy jóvenes. En ese entonces ella aún no me había fallado, o al menos eso creo. Era la esposa perfecta, la amorosa, amable, atenta, oficiosa. Y me quería, vaya que me quería. Tendrían que pasar varios años para que ella mostrara sus garras.

Primero fueron los pleitos. No le gustaba que me fuera a tomar con mis amigos; no quería que me reuniera con ellos para jugar al póker. Ahora me pregunto ¿por qué?, y me hace dudar de su culpabilidad, ya que, de haberlo sido, esas noches eran los momentos precisos para reunirse con su amante.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Microcuentos 51-55

 51

Lo único que se encontró junto al cadáver destrozado fue el arma homicida: un grueso martillo con bandas de cuero negro en el mango.

El día que la policía visitó al esposo de la víctima para mostrarle una fotografía y preguntarle si algún conocido tenía uno similar, el pequeño llegó por casualidad y miró la foto.

—Papi —dijo—. ¿No es ese tu martillo de los castigos?

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Helado

  Su mujer lo estaba esperando en la sala. Para variar, ese día parecía estar contenta.

―¿Cómo te fue en el trabajo, amor? ―le preguntó ayudándole con la chaqueta y con la gorra. Colocó las prendas en el gancho sin dejar de sonreír.

―Bien, muy bien ―respondió el esposo―. Hoy hice de chofer de una celebridad. ―Él trabaja como chofer de una empresa de limosinas.

―¿Conseguiste su autógrafo?

―Sabes que las políticas de la empresa lo prohíben.

―¡Lastima! ¿Quieres un poco de helado?

―Pero es la una de la mañana. Creí que me esperabas despierta porque querías algo de intimidad esta noche.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Febrero 14

 Su nombre era Nicolás. Tenía quince años, y podría decirse que era el cerebrito de la clase; siempre tenía notas sobresalientes. Vivía a las afueras del pueblo, en una casa antigua y colonial. Raras veces se le veía en el pueblo, excepto cuando iba al colegio. Nadie lo consideraba un chico atractivo, mucho menos divertido. Era bajito, delgado, de tez morena y cabello negro rizado, tan ridículamente rizado que se le pegaba al cuero cabelludo haciéndolo parecer pelo de borrego. Además de poco atractivo, era retraído y huraño.

Por eso cuando Elizabeth, la chica más hermosa de la clase, mostró interés amoroso en Nicolás, medio mundo se llevó una gran sorpresa. Elizabeth era alta, esbelta, de cabello castaño rojizo, un rostro que opacaba la luna llena y una sonrisa más brillante y seductora que un diamante. Y él; bueno, ya les conté lo que era él.

La efímera relación duró apenas quince días. ¿Lo pueden creer? ¿Quince días solamente? Yo me tomo más tiempo entre un baño y otro, no, es broma.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Microcuentos 46-50

 46

Muy pocas personas se reponen cuando, como en mi caso, pierdes de golpe a toda tu familia. Y yo perdí a mi padre, a mi madre, a mis hermanos.

Ya pasaron diez años, sin embargo, el nudo en la garganta se siente igual que aquel día en que me arrojaron a esta isla desierta mientras ellos hacían virar el bote y ponían rumbo al mar abierto.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Fantasma

   Mi perro era blanco como la nieve, de pelo esponjoso y orejas cortas y puntiagudas. De inmediato me pareció que era similar a Fantasma, el lobo de Jon Nieve. Fue por ese parecido que lo nombré Fantasma. Era un perro bromista, juguetón y un tenaz guardián de la casa. Mis amistades se sorprendían del extraño nombre, pero era mi perro, no el de ellos, de modo que no importaba.

Cierto día desapareció. O más bien me atrevo a asegurar que me lo robaron, o lo mataron y tiraron su cuerpo blanquecino en algún basurero. Simplemente me eché a dormir una noche y a la mañana siguiente, cuando fui por él al patio, ya no estaba. Vagamente recuerdo que tuve sueños agitados, y que a lo lejos oía ladridos y gemidos caninos; ahora me doy cuenta de que no fueron sueños, en realidad oía lo que le ocurría a Fantasma.

Lo cierto es que desapareció, y por más que lo busqué no di con él. Puse afiches en tiendas y postes de luz ofreciendo recompensa, pero en vano pasé atento a mi celular; nadie llamó. Hoy es el tercer día desde su desaparición, y sé que no va a volver. En serio que estoy muy triste, no creía que fuera posible sentir tanto apego por una mascota.

lunes, 7 de noviembre de 2022

El amigo de Charlie

 Charlie era un niño como cualquier otro. Era pequeño, y cómo no, si sólo contaba con ocho años de edad. Iba a la escuela como todos los demás, tenía muchos amiguitos con los cuales le encantaba jugar, y por qué no, también hacía una que otra travesura de vez en cuando.

El pueblo en el que Charlie vivía era pequeño, acogedor, colorido y vivaz. Era un pueblo en el que rara vez sucedía algún acontecimiento digno de mención. Por eso cuando los Ramírez Hernández se mudaron al pueblo fue toda una novedad. Fue algo que se comentó durante varios días en los hogares del pueblito.

Muchos vecinos ni siquiera dieron tiempo a los nuevos inquilinos a que desempacaran cuando ya tocaban a las puertas de la casa para darles la bienvenida; unos les llevaban dulces; otros, frutas; otros pastelillos; incluso hubo una familia que llevó un pavo horneado. Los Ramírez Hernández recibieron todo con cálidas sonrisas y efusivas gracias.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Microcuentos 41-45

 41

Nunca subo fotos mías porque quiero que me conozcan por lo que escribo.

Hace un rato hice una history en Instagram preguntando cómo piensan que soy, cómo me imaginan y, entre todas las respuestas, hubo una que me paralizó.

En ella me describían tal cual soy, nombró cada prenda que tengo puesta, pero lo que más me perturbó fue que dijo que hoy iba a morir a los doce de la noche.

Son las 23:55.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Fuego

 El camino era oscuro, estrecho, flanqueado por paredes invisibles que le impedían salir de la senda. El miedo era absoluto, perpetuo, torturante. Adelante vislumbraba algo naranja, como una luz, quizá una fogata. Imaginaba que, de alcanzar aquella luz, se hallaría a salvo. Tras él, pisándole los talones, un póker de monstruos de pesadilla. Román no sabía de dónde habían salido, ni cuándo, ni por qué estaba en aquella senda; sólo sabía que de no correr podía darse por muerto.

Eran monstruos grandes como caballos, negros, de grandes ojos rojos como ascuas. La cola inhiesta, las zarpas al aire, los gruñidos amedrentadores… y lo peor, lo seguían, le daban alcance, lo querían matar. ¿Qué les había hecho él?

El miedo le hacía sacar fuerzas de donde no las había, así que siguió corriendo, acercándose cada vez más a aquella luz naranja de delante, de la cual, cuánto más cerca, más era el calor que de ella provenía. Mientras corría, un pensamiento más aciago que su situación actual empezó a cobrar forma en su subconsciente.

jueves, 27 de octubre de 2022

La fuga

 

Mariana estaba decididamente enamorada de Francisco. Francisco era guapo, alto, de hermoso cabello y muy galante. Su único defecto discurría en su pobreza. Pero eso a Mariana no le importaba, ella lo amaba, era lo único que contaba. Sus padres no estaban de acuerdo con tal noviazgo. ¿Y cómo estarlo? En opinión de doña Esther, la madre de Mariana, Francisco era un don nadie, un pandillero, un muchacho sin presente ni futuro, y hasta era feo. No entendía que le veía su hija a ese bueno para nada. Además, su hija apenas tenía quince años, a esa edad las mujeres no deberían pensar en tales tonterías, cosa que siempre le recordaba ella.

Puesto que ambos jóvenes querían estar juntos, decidieron fugarse. Hicieron planes y concluyeron que les iría bien. Él seguiría trabajando en el taller de don Gonzalo y ella estudiaría. Así que ¿qué podría salir mal? Definitivamente la perspectiva del fracaso no aparecía ni en el más lejano horizonte. Se pusieron de acuerdo, marcaron el día en el calendario y esperaron pacientes la llegada de la gran fecha, el día que por fin estarían juntos, cosa que nada ni nadie podría evitar.

sábado, 22 de octubre de 2022

Microcuentos 36-40

 36

La mujer suspira con pesadumbre. Otra vez la puerta permaneció cerrada. Nadie fue a verla tampoco ese día.

—¿Es que están todos muertos? ¡Nadie vino a verme!

—Alégrate por ello, abuela. Eso significa que viven. Recuerda que los que morimos fuimos nosotros.

 

37

El hombre fue encadenado por la tarde en el bosque. Esa noche había luna llena y la gente estaba harta de los continuos ataques del monstruo.

jueves, 20 de octubre de 2022

El ladrido del perro

 


Los incesantes ladridos de Tobby lo despertaron. Jonás, un solitario setentero, fue arrancado de su lascivo sueño con veinteañeras casi con brusquedad. Los constantes ladridos del perro no eran normales. Tobby no era así. Algo debía de estar ocurriendo afuera para que actuara de aquella forma. Un ladrón quizá.

Sus huesudas piernas, afectadas por la artritis, protestaron cuando las hizo salir de la cama. Encendió la lámpara con temblorosas manos y después fue a por el viejo rifle que guardaba en el armario.

Afuera, el perro ladraba incesante.

Jonás recorrió los pasillos pensando en la causa de la inquietud de Tobby, presto el rifle para disparar al primer maleante que se le pasara por delante.

martes, 18 de octubre de 2022

El cazador

 

Jon Davis era conocido en todo el pueblo por ser el más intrépido cazador que alguna vez haya hollado la región. Muchos incluso aseveraban que era el más grande cazador de todo el país, que ya eran palabras mayores. Jon Davis se dedicaba a la caza desde que era un mozuelo. Su primera presa fue un conejo, un conejo dulce y tierno que a veces jugaba con él; era el conejo de los vecinos. Pero eso no impidió que un día Jon le reventara la cabeza con una piedra lanzada desde su honda fabricada por su hermano mayor. A partir de ese momento Jon Davis se empecinó con la caza.

A sus cincuenta y tres años, edad avanzada para algunos, para Jon Davis no, aún se atrevía a ir de cacería. La mayoría de las ocasiones prefería ir solo, siempre había sido así, y no le gustaba compartir los secretos que con tanto esfuerzo había descubierto a lo largo de su vida como cazador.

En una ocasión partió de caza junto al mejor de sus perros. Montó en su ruano y cabalgó hasta el bosque. Allí, dejo a la caballería en el lugar de costumbre y se adentró junto a su fiel compañero en las entrañas de una selva casi virgen.

viernes, 14 de octubre de 2022

Microcuentos 31-35

 31

El hombre se mesó el cabello, frustrado, asustado, confundido. El demonio frente a él sonreía con sorna.

—No es posible —dijo el hombre—. ¡Es imposible! —gritó.

—El trato era dinero y mujeres a cambio de tu alma. Vine a cobrar.

—¿Cómo es posible? ¡Sellamos el pacto hace tres días!

—Fue lo único que tu alma pútrida logró pagar.

miércoles, 12 de octubre de 2022

El niño del lago

Era una parte solitaria del lago, una parte a la que casi nadie iba. Por eso fue que me sorprendió ver a un niño allí. Estaba de espaldas, las piernas sumergidas en el agua, los hombros encogidos en gesto de abatimiento. Pensé que estaba triste por algo. Así que me acerqué para ver qué le ocurría.

El niño se volvió al oír mis pisadas que se acercaban. La sonrisa que me dirigió era de infinita tristeza, de desolación. Sus ojos, grandes y negros, reflejaban lo mismo que su sonrisa. Me sentí conmovido.

―¿Qué haces aquí tan solo, pequeño? ―le pregunté, agachándome a su lado.

lunes, 10 de octubre de 2022

El guardián del parque

 

     Marcelo, Carlos y yo parecíamos unos jóvenes normales. Íbamos a la escuela todos los días, jugábamos fútbol, de vez en cuando nos acercábamos a una iglesia (he de admitir que casi siempre para ver a las chicas) e incluso no teníamos malas notas. Pero todo era una fachada.

Por las noches nos cambiábamos los rostros y salíamos a hacer lo que más nos gustaba: fumar marihuana e inhalar cocaína. Pero como sabrán, todo eso cuesta dinero. Puesto que era obvio que nuestros padres no nos darían dinero para conseguir las drogas, teníamos que buscarlo mediante otros medios, medios fáciles por supuesto. ¿Y qué medio es más fácil que robar? Sí, robar. Robábamos una o dos veces por semana. Nos metíamos a los negocios, a las casas y de vez en cuando asaltábamos a los peatones. Siempre buscábamos dinero y joyas, pero cuando no encontrábamos ni lo uno ni lo otro, nos teníamos que conformar con electrodomésticos, piezas de artesanía, pinturas, mobiliario de oficina y todo aquello que fuera posible robar y canjear por dinero.

Con dinero en mano nos dirigíamos a nuestro proveedor de drogas, un señor propietario de un bar al que llamaban Chancho. Por supuesto, don Chancho sabía que nosotros éramos los ladrones de la comunidad, pero como él también se veía beneficiado, nunca nos delató.

viernes, 7 de octubre de 2022

Microcuentos 26-30

 26

Despertó y todo era negrura. Tanteó la pared y accionó el apagador: la negrura continuó imperturbable. Pasó la mano frente a sus ojos, nada, apenas sintió el viento.

Empezó a gritar desesperado cuando recordó que tres días atrás había perdido la vista en un accidente.

 

27

—Mamá, ¿por qué a mí no me serviste el desayuno?

La mujer miró a otro lado, nerviosa y asustada. El marido notó su reacción.

lunes, 26 de septiembre de 2022

La advertencia de mamá

 

Mi mamá ya me tenía aburrido con la misma cantaleta: “Si vas a salir, ten cuidado.” Pero todas las madres dicen lo mismo, ¿verdad?

Con la diferencia que cuando mi viejecita me prevenía con la mencionada frase, no lo hacía refiriéndose a los maleantes o lacras semejantes que atestan toda sociedad. Ella lo hacía para prevenirme de la “Mujer fantasma”. Era ésta, según mi madre, una silueta blanca que ocasionalmente pasaba frente a nuestra casa, llorando y gritando, como si hubiese perdido algo y fuese en pos de ello.

 ―Ten cuidado con encontrártela ―me amonestaba, ante mi falta de interés en la cuestión―. No sabemos qué busca, ni lo que podría hacerte de encontrarte fuera.

martes, 13 de septiembre de 2022

La visita de la muerte

 

Esta historia me la contó mi amigo Estuardo. Algunas veces he dudado de su veracidad, algunas otras me inclino a darla como un hecho. Dejo a ustedes la última palabra.

Estuardo, entonces un muchacho de quince años, vivía con su madre, su padre, dos hermanos y una hermana. Era una familia como cualquier otra. También vivía con ellos el padre de su madre, un anciano próximo a cumplir los ochenta años, y un perro llamado Bobby.

Don Tomás, el abuelo de Estuardo, era un anciano cuyos últimos meces los pasaba las más de las veces en la cama. El reuma, la artritis y un cáncer que le consumía los pulmones (por fumar mucho en su juventud), le permitían abandonar el lecho muy pocas veces, y eso con ayuda de alguno de sus nietos o de una caminadora fabricada de caoba por el propio padre de Estuardo.

Nadie en aquella tranquila casa soñaba con que el anciano viviera muchos años más. Es más, casi todos dudaban que llegara siquiera a su octogésimo cumpleaños. Pero eso no les impedía soñar, y todos soñaban con que el abuelo viviera muchos años más.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Microcuentos 21-25

 21

Después del naufragio nadó durante horas. Pensaba que ya todo estaba perdido hasta que vio la isla. Su salvación.

En la playa, un grupo de aborígenes lo rodeó.

¡Oh horror al adivinar su suerte!

¡Uno de ellos roía con placer una mano humana!

 

22

¿Alguna vez te has preguntado cómo es morir? ¿Qué se siente? ¿Qué hay después de la muerte?

Créeme, no te gustará.

Lo sé porque estoy muerta.

martes, 30 de agosto de 2022

Debajo de la cama

   El hijo de Casandra, que contaba con siete años de edad, había adquirido, hacía poco, el mal hábito de irse a meter a la cama con ella y su marido. Su excusa siempre era la misma:

―Hay alguien debajo de la cama.

Un par de noches después:

―Hay alguien debajo de la cama.

Casandra no le creía. Su esposo, menos. Pero el pequeño era la luz de sus ojos, de modo que lo dejaban hacer.

lunes, 22 de agosto de 2022

Viernes 13

 

Mis amigos y yo salíamos de parranda a menudo, generalmente una vez a la semana. Nos gustaba ir a las cantinas y a los bares (no diré que nos gustaba ir a los antros porque en nuestro pueblo no existen tales establecimientos). Otras veces nos limitábamos a quedarnos en casa. Comprábamos las cervezas, el aguardiente y las drogas y nos reuníamos en la casa de alguno de los que nos apuntábamos a la fiesta. Otras veces nos reuníamos en las esquinas y allí tomábamos, hacíamos escándalo y nos emborrachábamos hasta casi perder la cordura.

Escribo este relato para contarles un suceso que me ocurrió en una de estas borracheras. Casualmente ocurrió un viernes 13. Estaba borracho a más no poder y había consumido cocaína a raudales. Pensarán que lo supersticioso, lo borracho y lo drogado me hicieron delirar, pero yo no creo que todo haya sido producto de mi subconsciente. Pero no estoy escribiendo esto para convencerme a mí mismo, ni para convencerlos a ustedes de que lo que experimenté fue real, de manera que a partir de estas líneas me limitaré a referir lo acontecido.

sábado, 20 de agosto de 2022

Microcuentos 16-20

 

16

Entendí que no era para mí. Así que resolví soltarla y dejarla ir.

La fiscalía sostiene que fue homicidio. Aseguran que debí subirla a la azotea y no dejarla caer al vacío.

 

17

Hacía horas que estaba pescando sin capturar nada. Entonces, algo tiró del sedal. El hombre empezó a halar.

¡Oh horror! Lo que venía prendido del anzuelo era su cabeza.

No vio al sujeto detrás suyo que sostenía un machete.

jueves, 18 de agosto de 2022

Escape

Estaba en la cocina asando una loncha de carne cuando escuché el ruido. Fue un golpe sordo, como de algo que cae en el suelo.

Dejé la carne en la parrilla y corrí al cobertizo ubicado en la parte trasera de la casa. El ruido me puso nervioso. No es común que yo tenga miedo, pero en ese momento lo tenía. No es un ruido que esté acostumbrado a oír. No en el cobertizo. No a menos que sea yo quien lo provoque.

martes, 16 de agosto de 2022

La cita

Camilo amaba a su esposa. Se habían casado hacía diez años, cuando ambos eran bastante jóvenes aún. Tenían un hijo de cinco años que era un encanto. Adoraba a su esposa, pero ya no la encontraba sexualmente atractiva. El sexo con ella se había convertido en una monotonía sin remedio. Fue por ello que decidió buscar complacer sus apetitos carnales en otras mujeres.

Al principio buscó la compañía de prostitutas. Pero estas no tenían nada que envidiarle a su esposa. Así que desistió de esta alternativa.

Amigos y compañeros de trabajo le recomendaron una página web (la mayoría, esposos infieles igual que él) en la que podía conseguir citas con mujeres mucho mejores que cualquier prostituta. Al principio sintió temor, ya que lo veía como algo peligroso, pero al final terminó por ceder y consintió con encontrarse en un motel con una de las chicas de la página. La chica era joven, casi una adolescente (justo lo que su voracidad anhelaba), era rubia y tenía un cuerpo de diosa (sus fotografías en ropa interior y jeans, puestas en la página lo demostraban). Así que acordó hora, lugar y día con la aludida y cerró su laptop.

viernes, 12 de agosto de 2022

Microcuentos 11-15

   11

Hacía semanas que estaban atrapados en aquel agujero, esperando un rescate que nunca se dio. Sin comida, bebiendo apenas las gotas que caían del cielo.

Su amigo había muerto esa mañana. A él las tripas le rugían. Carne es carne y a él el hambre lo estaba matando.

 

lunes, 8 de agosto de 2022

Vagabundo

 

Encontré al hombre en un callejón oscuro, junto a unos contenedores de basura. Ya era de madrugada y todo estaba muy frío. La sangre del hombre todavía estaba caliente. Las tripas me rugieron por enésima vez. Hacía muchos días que no comía más que trozos de fruta podrida que iba encontrando en mi interminable deambular.

El hombre abrió los ojos cuando me arrodillé a su lado.

―¡Ayuda! ―musitó.

A la escasa luz de la luna, la sangre parecía negra. Tenía rajado el vientre y el olor a mierda predominaba en el lugar.

―Me atacaron ―continuó el hombre. Le costaba un mundo articular palabra―. Eran dos. Me robaron y… y… y me mataron.

viernes, 5 de agosto de 2022

El vecino y su perro

 

   Cuando Peter se mudó a su nueva casa, lo que menos esperaba era un vecino misterioso y lleno de secretos. Sin embargo, eso fue lo que encontró.

Desempleado durante casi un año (afortunadamente no tenía esposa ni hijos que mantener, de lo contrario todos hubieran muerto de hambre), y con sus exiguos ahorros casi agotados, no tuvo más opción que aceptar un empleo de gobierno para dar clases en escuela del área rural. Su nuevo hogar (lo único que su salario mínimo le permitía pagar) era una casita de una sola planta y dos habitaciones: el dormitorio y otra que era a su vez cocina, comedor y que tendría que servir también de sala. 

El camión de mudanza llegó a su nueva casa durante el crepúsculo de un viernes sombrío. Cuando terminó de desempacar sus pertenencias ya era noche cerrada y un titilante foco eléctrico llenaba de amarillenta luz la cocina-comedor. 

lunes, 1 de agosto de 2022

Microcuentos 6-10

 

6

Nuestro hijo de cinco años empezó a llamar a su madre. La llamó, la llamó…

Abrace a mi esposa y le dije que no fuera. Nuestro hijo era mudo.

 

7

Lo primero que supo fue que su madre no lo quería.

Al final sintió dolor cuando una tijera empezó a cortar su pierna recién formada.

sábado, 30 de julio de 2022

Pesadilla

    Su hijo yacía entre mortajas blancas. Su aspecto era el de alguien muerto hace poco. Demacrado, con los ojos hundidos y la piel amoratada. Su rostro estaba perlado de sangre.

La mujer lanzó un chillido de angustia.

―¡Nooo! ―gritó.

El niño abrió los ojos. El dolor se reflejaba en sus pupilas negras.

¡Estaba vivo!

―¡Mamá! ―Chilló.

―¡Hijo! ¡Ya voy!

―¡Mamá!

Las mortajas empezaron a agitarse. Primero como si el viento las moviera, después, como si tuvieran vida propia. ¡Tenían vida propia! Lentamente empezaron a envolver al niño, a aprisionarlo. La mujer corría gritando, llorando desconsolada y aterrada, pero su hijo seguía a una distancia insalvable.

jueves, 28 de julio de 2022

La cacería de la muerte

   

    Quien me invitó a ir de cacería fue uno de mis mejores amigos. ¡Ay! ¡Cómo se me encoge el alma al recordar el destino del pobre desdichado!

Pero no era una cacería cualquiera. Cuando salimos del pueblo caminamos durante toda la jornada hasta que nos adentramos en las montañas heladas que se alzaban al norte. Se trataba de una cacería en tierras heladas y cubiertas de nieve. Antes de que anocheciera levantamos la tienda y nos dispusimos a pernoctar. La caminata había sido larga y cansada. Necesitábamos recuperar energías para emprender la cacería al siguiente día con nuevos bríos.

Mi amigo y compañero de cacería se llamaba Jared y ambos éramos de la misma edad. Sin embargo, él era alguien acostumbrado a las cacerías y a pasar la noche en diminutas tiendas de campaña. Yo no. Quizá fue por ello que él se durmió casi en el acto mientras yo me quedaba con los ojos abiertos, intranquilo y dando un sinfín de vueltas entre mis mantas. Ruidos extraños (como pisadas), ramitas rotas, hielo quebrándose y uno que otro aullido lejano hacían que en mi interior creciera un temor casi palpable.

martes, 26 de julio de 2022

Microcuentos 1-5

 1

Mi madre me invitó a acompañarla.

Yo seguí el sonido de su voz. A pesar de saber que ella había muerto hacía un año. 

 

2

Estaba de pie en el último trozo de tierra que quedaba después del gran diluvio.

De pronto el sol se escondió, asomaron negras nubes y la lluvia empezó a caer de nuevo.

jueves, 21 de julio de 2022

Papá

 

       ―Papá ―dijo el niño, señalando el suelo con un dedo―. Hay un muerto bajo tus pies.

El padre dio un salto, horrorizado. Debajo no había nada, solo tierra y césped.

―No bromees de esa manera, pequeño ―le reprendió el padre. Pero el niño seguía apuntando al suelo, temblando, a punto de echarse a llorar―. ¿Hablas en serio?

martes, 19 de julio de 2022

La niña de blanco

Esta historia me la contó un antiguo profesor, que a su vez le fue contada por su abuelo. Como ya habrán colegido, se trata de una historia antigua. El abuelo de mi antiguo profesor aseguraba que era una historia verídica. Yo no sé decirlo. Ustedes dirán.

Humberto Arroyo era un hombre de mediana edad, solitario, amargado y asqueado de la vida, quizá por ello la vida le jugaría tan mala pasada (así era como mi antiguo profesor iniciaba esta historia, cuando antes de empezar la clase o después de terminarla, nos contaba este relato). Humberto Arroyo vivió y creció en la ciudad, pero nunca se sintió a gusto en ella. De manera que un día decidió mudarse a un pueblo.

Los habitantes de San José lo vieron llegar muy temprano al poblado, cuando el sol apenas despuntaba al alba. Se movilizaba en una carreta que traqueaba a cada giro de las ruedas. La mula que tiraba de su carreta era colorada, flaca, renqueaba y tenía la crin como pelambre. De dónde sacó la carreta y la mula, es algo que ni mi antiguo profesor, ni su abuelo, pudieron esclarecer. Humberto, ante el frío matinal, se resguardaba con un poncho viejo y raído, por la boca expulsaba vaho, mientras que con un pequeño látigo animaba a la pobre mula a caminar más deprisa.