41
Nunca subo fotos mías porque quiero que me conozcan
por lo que escribo.
Hace un rato hice una history en Instagram preguntando
cómo piensan que soy, cómo me imaginan y, entre todas las respuestas, hubo una
que me paralizó.
En ella me describían tal cual soy, nombró cada prenda
que tengo puesta, pero lo que más me perturbó fue que dijo que hoy iba a morir
a los doce de la noche.
Son las 23:55.
42
Escucho pasos que se acercan. Mi corazón se desboca.
“¡Por fin! ¡Por fin!”, pienso entusiasmado. La
esperanza renace. Hasta que escucho que los pasos se alejan en otra dirección.
Quiero gritar. No venían por mí. Continúo encerrado en
este maldito ataúd. ¡Enterrado en vida!
En colaboración con Dilo.
43
Antes tenía miedo de los camposantos. De los pasos
furtivos que acechan a mitad de la noche, de los gruñidos que erizan la piel y
de las risas histéricas que evocan la locura. Ese miedo es cosa del pasado.
Cuanto te unes a la horda de seres atrapados en los
cementerios, te acostumbras a ello.
44
Lo terrible no fue morir. Lo verdaderamente aterrador
fue encontrarme de nuevo con mi familia. Todos reían con locura, todos
lloraban, todos estaban cubiertos de llagas y gusanos. Todos ardían.
Y todos me decían, con una escalofriante sonrisa en
sus rostros descarnados: bienvenido, hijo. ¡Bienvenido al infierno!
45
De vez en cuando mi padre me deja entrar a dos de sus
tres salas secretas.
En la primera tiene su muestrario de insectos, adheridos
a paneles mediante alfileres; en la segunda exhibe una enorme colección de
vertebrados disecados, que va desde inocentes colibrís hasta temibles leones y
jaguares.
Muero de curiosidad por saber qué exhibe en la tercera
sala.
Si te gustaron, deja un microrrelato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario