sábado, 17 de junio de 2023

Microcuentos 106-110

 106

—Mamá, ¿por qué a mi perrito no le trajiste leche?

La madre miró hacia donde el niño veía. Allí no había nada. El perrito había muerto en el fatal accidente ocurrido un mes antes. Su esposo ya le había dicho que lo dejara, que no podía seguir con el juego, que solo le hacía daño, sin embargo, fue a por la leche.

A la tarde le contó a su esposo que el niño seguía insistiendo con lo del perrito. Su esposo no la escuchó en esta ocasión. La ignoró, así que ella empezó a gritar.

—Mamá ¿a quién le gritas?

—A tu padre, que no quiere escuchar que tenemos un problema.

—Mamá, papá murió en el accidente.

 

107

El hombre, que llevaba un año borracho, terminó de hacer el nudo de la soga. Desde que su esposa muriera, nada en la vida tenía sentido. ¿Para qué seguir viviendo?

De pronto, sonó el timbre y un sobre cayó de la ranura del correo. El hombre lloró con la nota en la mano: era un mensaje del puño y letra de su esposa. En esta le pedía que no se sintiera triste, que ella estaba bien, que el lugar en el que se encontraba era de dicha eterna… Por último, le pedía que fuera con ella.

Era la enésima nota similar que recibía. Y él acudiría a su llamado.

 

108

Cubrió todos los espejos de la casa. Había algo allí, una sombra que aparecía en las horas más oscuras de la noche y lo señalaba, haciendo que lo invadiera un pánico asfixiante y pudiera sentir la proximidad de su propia muerte.

Pensó que de esa manera estaría a salvo, que, sin ver su reflejo, nada podría lastimarlo. Sin embargo, cuando percibió aquella mano helada acariciando su hombro, se dio cuenta de que estaba equivocado.

Demasiado tarde comprendió que la sombra del espejo no pretendía hacerle daño, simplemente trataba de advertirle sobre la presencia maligna que rondaba por su casa.

 

109

La casa era grande y vetusta y estaba mal cuidada.

—No parece muy habitable —comentó la esposa—. ¿Estás seguro de que podemos mudarnos?

—Completamente —respondió el esposo—. Esa es nuestra nueva casa.

—¿Podemos quedarnos varios años? Ya me cansé de ir de casa en casa, expulsados como viles ladrones.

—Está deshabitada desde hace tiempo. Y por lo que pude averiguar, nadie tiene intención de mudarse a ella.

—Entonces, vamos.

La pareja, etérea, que muriera hacía varios siglos, caminó a su nuevo hogar. 

 

110

De todos los de mi salón, la única que me gustaba era Carlita. Siempre fue buena conmigo. Fue mi pareja de tareas cuando nadie más quiso. Y si bien nunca me defendió, tampoco se rio de las puyas que de continuo era objeto. Por eso, el último día, me dolió decirle que su madre había sufrido una fuerte caída. La pobre voló a casa en medio de sentidas lágrimas.

Mientras todos se preguntaban qué había sucedido con la madre de Carlita, yo eché llave por fuera y rocié la gasolina. Y entonces por fin fui yo quien rio de sus gritos y lágrimas.

---FIN---

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