sábado, 25 de noviembre de 2023

La fruta

 Cayó del cielo a eso de las cuatro de la tarde. Yo estaba asomado a la ventana desde mi habitación en el segundo piso, mirando a mi hermanito y a su perro, Goby, corretear por todo el patio, riendo como sólo un chiquillo puede hacerlo.

De repente cayó esa cosa que parecía una fruta, no con fuerza, sino débil, como si alguien la hubiera lanzado, pero por lo que me percaté, nadie la lanzó, pues cayó directamente del cielo. Parecía una fresa, creo que era una fresa, con el cuerpo punteado y varias hojas verdes en el tronco. Sólo que era cien veces más grande que una fresa común, mil veces. Debía medir medio metro de largo y treinta centímetros de grosor máximo.

Mi hermano y el perro se sorprendieron, el uno con los ojos abiertos y el otro empezando a gruñir y mostrando los dientes. ¿Qué demonios era esa cosa? ¿Dónde se ha visto una fresa de ese tamaño? Sus hojas verdes se agitaron y juraría que algunas de las semillas pegadas a su corteza exterior giraron sobre su eje. «¡Mierda!», pensé. Esa cosa no era algo normal, puede que ni siquiera de este mundo.

lunes, 20 de noviembre de 2023

La leyenda del conde

 La leyenda del conde Jeremy Rollins es muy popular en todo el pueblo en el cual vivió y en las comarcas circunvecinas. Aunque quizá sería más acertado decir «las leyendas», ya que, con el transcurso de los lustros desde su fallecimiento, hace un siglo, la leyenda se fue transformando con el boca a boca en varias, y no solo una. Como naturalmente ocurre, por supuesto.

Sobre el conde Jeremy Rollins se habló mucho, se habla aún todavía y se seguirá hablando, probablemente, hasta el fin de los tiempos. Pero, ¿quién era el conde Jeremy Rollins? Bien, según la tradición popular, Jeremy Rollins fue el último sobreviviente de la otrora excelsa, y ahora extinta, dinastía Rollins, que regentó en nombre del Rey durante quinientos años el pueblo y las aldeas esparcidas alrededor de éste. ¿Cómo era Jeremy Rollins? Siendo honesto, he de admitir que es harto difícil dilucidar la verdad de la fantasía. De cualquier manera, referiré algunos aspectos del conde que aún hoy en día se comentan de él y dejo al lector la opción de aceptar alguno como real o tomar todo como simple fantasía.

Muchos creen que el conde fue un alma noble, pío y carismático. Se dice que despilfarró su fortuna en actos benignos y caritativos, no entiendo cómo a eso se le puede llamar despilfarrar, y que ayudaba a cualquiera, incluso a aquellos que parecían no precisar ayuda. Desde hace poco más de un siglo el pueblo cuenta con una casa hogar para niños huérfanos y un asilo para ancianos, es normal que los que piensan en el conde Jeremy Rollins como alguien bueno crean que fue el fundador de ambos centros. Estas personas creen que fue por su excepcional bondad que, tras morir, muy joven pues sólo contaba con treinta años de edad, se llenó su ataúd con una fortuna en oro, joyas y piedras preciosas. 

viernes, 10 de noviembre de 2023

Microcuentos 141-145

 141

Eran muchos los niños que habían desaparecido el último año. Así que, cuando desapareció mi hermanito, yo estaba preparado. Le había regalado una pulsera que llevaba un chip oculto. Fue fácil seguir el rastro hasta una cueva en las montañas.

Rescataría a mi hermanito y por fin sabríamos qué era de los niños desaparecidos.

Imaginen mi horror al entrar a la cueva en cuestión y descubrir a mi hermanito sentado sobre un montón de huesos, royendo los restos del último niño desaparecido.

martes, 7 de noviembre de 2023

La pelota

 La niña jugaba con una pelota de baloncesto color marrón. La botaba tres veces y luego lanzaba al cesto, a más de dos metros de altura. Encestaba una de cada tres. El niño la observó largos minutos, tratando de olvidar la horrenda muerte de su padre acaecida hacía tan sólo tres días, cuando la policía encontró el cuerpo decapitado a las orillas de un desagüe. Madre había intentado ocultar el macabro detalle, pero la gente hablaba.

La niña siguió jugando. Miraba de vez en cuando al niño a través de la malla metálica cubierta de enredaderas, a causa de estas apenas lo entreveía, pero sabía que la observaba. No le incomodaba, es más, se sentía bien. Madre no la dejaba salir nunca de casa, ni jugar con otros niños.

El niño se acercó a la malla. Pensó que jugar por primera vez desde la muerte de padre podría distraerle y aportarle algo de bienestar.

¿Puedo jugar? preguntó.

No respondió la niña, tras sopesarlo un rato.

Anda, déjame jugar. Será más divertido entre los dos insistió el niño.

viernes, 3 de noviembre de 2023

El hermanito

 Mayrita, como la llamaban sus papás, corría a través de hermosos jardines, entre tulipanes y rosas, margaritas y jazmines. A su alrededor revoloteaban aves y pájaros multicolores, cuyos cantos llenaban el aire de una melodía suave y acompasada que inundaba de paz todo el lugar. En el Valle Mágico había también venados y alces, linces y leopardos, leones y tigres… e infinidad de animales más. Y todos vivían en paz, así lo había dispuesto Mayrita. Llegó hasta un cerezo y tomó asiento junto al tronco. El cerezo era su árbol favorito, por lo bonito de sus flores, se decía constantemente.

A pesar de sus nueve añitos, Mayrita sabía que aquel mágico lugar era un sueño. Era un lugar producto de su imaginación en el que gustaba refugiarse mientras dormía. Lo había empezado a concebir hacía dos años. Al principio lo soñaba esporádicamente, porque lo había visto en una película, se decía. Sin embargo, con el transcurrir de los meses fue capaz de soñar con aquel bello lugar a voluntad. De manera que siempre tenía sueños felices. Lo que era un alivio, más después de la trágica muerte de su hermanito menor: Jonhy.

Sabía que era un sueño.

Fue por ello que se sobresaltó cuando el llanto de un niño se coló a través de su mundo mágico y se extendió a través de los bosques y las colinas, de los riachuelos y los campos de flores, del cielo y la tierra. Era un llanto lastimero, desesperado, que llegaba hasta el más profundo rincón del alma. Le hizo sentir tristeza y miedo, dolor e ira, pero sobre todo precaución. Los compañeros de su mundo de ensueño también percibieron el llanto, porque agitaron las orejas o los rabos, los bigotes o las patas, las alas o los picos. Se percibía la tensión y el nerviosismo en ellos. El llanto de un niño era algo que nunca había sucedido en el Valle Mágico. Menos un llanto como aquél.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Microcuentos 136-140

 136

El matrimonio Robinson se mudó al pueblo hace tres años. Todos creíamos que no tenían descendencia. Hasta que un buen día dieron una fiesta para presentar a sus tres vástagos que volvían del extranjero. Eran tres muchachos más bien retraídos y toscos que no causaron gran impresión. Es más, al siguiente día, en voz baja, la mitad del pueblo murmuraba que eran idiotas.

Al parecer, yo fui el único que noté un gran parecido entre aquellos tres muchachos y los tres jóvenes que desaparecieron del pueblo poco después de la llegada de los Robinson.

 

137

El niño se aovilló en un rincón de la habitación. Temblaba de frío y miedo. El miedo había llegado con el frío, que llegó hacía tres minutos. Y sabía qué significaba aquel frío. Había algo que llegaba con él, o ese algo precedía al frío. No lo sabía.

Lo único cierto era que cuando aquel frío llegaba algo malo ocurría. Ya había estado en casa en tres ocasiones. Primero murió papá, luego mamá, después su hermanita.

Él era el último que quedaba. Y el miedo y el frío iban in crescendo con cada segundo que transcurría.

Ese algo, fuese lo que fuese, estaba cerca e iba a por él.

 

138

Tras tres días desaparecido, el alcalde regresó al pueblo. Fue recibido con franca alegría y regocijo, pues era un hombre muy querido. Recibió cálidos abrazos y sinceros apretones de mano. Él agradeció y sonrió, fue escueto en los detalles de su desaparición, y anunció un gran acontecimiento para esa noche, al que todo el mundo debía acudir.

Durante todo ese tiempo quise gritar, advertir al pueblo que ese hombre no era yo, que, aunque miraban mi cuerpo, mi alma había sido expulsada de él.

Quien gobernaba mi cuerpo y saludaba y sonreía en mi nombre era un ser maligno que me había secuestrado hacía tres días.

 

139

La mujer fregaba platos cuando vio los ojos, azules, mirarla desde el patio. Un plato escapó de sus manos por el sobresalto y se hizo añicos.

—¿Cariño? —preguntó.

Pero los ojos ya no estaban, habían desaparecido en un parpadeo.

—¿Mamá? —dijo la voz de un niño a sus espaldas.

La mujer se volvió y soltó un alarido. Su hijo avanzaba a tientas, dos agujeros negros en lugar de ojos, y lágrimas de sangre surcando sus mejillas.

—Mamá —repitió el niño—. Mis ojos. Alguien robó mis ojos. 

 

140

La multitud ató al violador a la pira y le prendió fuego. Cuando la policía llegó, las llamas estaban apagándose.

—¿Está muerto? —preguntó el oficial.

—Al menos por un año más —respondió el alcalde.

—Bien. ¿Cuántas veces se repetirá?

El alcalde se encogió de hombros. Aquella era la séptima vez que quemaban a aquel hombre, que revivía en el aniversario de su muerte.

En el pueblo se rumoreaba que continuaría reviviendo hasta que equiparara el número de sus víctimas, que se decía era setenta y siete.