Ninguno
de sus amigos la había visto, de eso estaba seguro. De manera que ignoró el
episodio y siguió jugando.
El
juego terminó cuando sus amigos así lo quisieron, alegando que ya era tarde y
que sus madres los estaban esperando. Pero Brandon sabía que se iban porque ya
les había ganado demasiado ese día, tenía los bolsillos repletos de canicas.
Una tarde inusualmente fructífera aquella.
Sus
amigos se marcharon mientras él recogía las últimas ganancias. Y allí estaba la
sombra, negra, sin forma lógica.
—Hola,
Brandon —saludó la cabeza que empezó a emerger de la sombra. Era una cabeza
inhumana, amarillenta, rugosa y de ojillos rojos sangre. Su voz era un susurro
gélido.
Brandon
gritó, o al menos lo intentó.
El monstruo que había sustituido a la sombra se cernió sobre él.



