121
El hombre entró a la casa y llamó a su mujer. Aquella
no contestó. Volvió a llamar y se dirigió a la cocina. Al ver la mancha de
sangre sobre el enlosado su corazón se disparó a mil. Empezó a gritar más
fuerte, temiendo lo peor. Entonces apareció la esposa.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
En la mano llevaba un pollo a medio desplumar.
—Nada —dijo el hombre.
No le confesó que al ver la mancha de sangre su mente volvió tres años en el tiempo, a aquella fatídica tarde en que encontró a su padre muerto.
122
La primera noche se sentó en el borde de la cama y le
acarició el cabello. El niño se incorporó asustado y la miró, pero no la veía,
solo veía oscuridad. Entonces empezó a gritar.
Tres veces intentó acariciarlo como hacía antes, y
otras tantas veces el niño gritó. Llevaron un padre e incluso un pastor, y la
adolorida madre decidió no volver a acercarse. ¿Cómo decirle quién era y que
solo pretendía cuidarlo?
Ahora lo veía desde la distancia, para no asustarlo, y
solo cuando el viento agitaba las cortinas y podía verlo en un atisbo.
123
El pequeño bajó al árbol repleto de miedo y también de
esperanza. Había dos grandes obsequios con su nombre, los desenvolvió: una
colección de autos y una pista de carrera. Los dejó, decepcionado. Bajaron sus
padres y lo encontraron abatido. Prometieron que ellos comprarían el obsequio
que Santa no le trajo.
No lo compraron, pero fue su padre quien gritó
horrorizado la buena noticia. El abuelo no bajaba y el desayuno estaba servido.
Subió a buscarlo y soltó un alarido al encontrarlo muerto. El niño había pedido
a Santa la cabeza del monstruo llamado abuelo, pero aquello también valía.
124
Soñó que la policía hurgaba en su jardín y encontraba
a Santa muerto, y que él lo había matado. Al despertarse, corrió al jardín. No
había policías, ni perros husmeando la tierra. Suspiró aliviado. Su secreto
estaba a salvo. Como él, esa navidad ningún niño recibiría juguetes.
¡Si Santa tan solo le hubiera traído la bicicleta que
año tras año pedía aquello no hubiera ocurrido!
125
Su esposo se marchó al descubrir que era una bruja,
dijo que no podía ver cómo jugaba con la vida y la muerte, con secretos
oscuros. Ella lo dejó ir. No le sorprendió que la policía llegara para
comunicarle que habían encontrado su cuerpo. Fingió tribulación y permitió que
revisaran la casa. Merced a sus artes, no descubrieron su laboratorio. Más
tarde, entró en este y descubrió el espejo de cuerpo completo. Allí estaba él,
atrapado, al menos su alma.
—Juntos por siempre, mi amor —le recordó.
Cubrió la cortina y volvió al trabajo. Si no quería
ver, no vería.
---FIN---
Comenta qué te han parecido estos microrrelatos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario