lunes, 28 de agosto de 2023

Microcuentos 121-125

 121

El hombre entró a la casa y llamó a su mujer. Aquella no contestó. Volvió a llamar y se dirigió a la cocina. Al ver la mancha de sangre sobre el enlosado su corazón se disparó a mil. Empezó a gritar más fuerte, temiendo lo peor. Entonces apareció la esposa.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

En la mano llevaba un pollo a medio desplumar.

—Nada —dijo el hombre.

No le confesó que al ver la mancha de sangre su mente volvió tres años en el tiempo, a aquella fatídica tarde en que encontró a su padre muerto.

 

122

La primera noche se sentó en el borde de la cama y le acarició el cabello. El niño se incorporó asustado y la miró, pero no la veía, solo veía oscuridad. Entonces empezó a gritar.

Tres veces intentó acariciarlo como hacía antes, y otras tantas veces el niño gritó. Llevaron un padre e incluso un pastor, y la adolorida madre decidió no volver a acercarse. ¿Cómo decirle quién era y que solo pretendía cuidarlo?

Ahora lo veía desde la distancia, para no asustarlo, y solo cuando el viento agitaba las cortinas y podía verlo en un atisbo. 

 

123

El pequeño bajó al árbol repleto de miedo y también de esperanza. Había dos grandes obsequios con su nombre, los desenvolvió: una colección de autos y una pista de carrera. Los dejó, decepcionado. Bajaron sus padres y lo encontraron abatido. Prometieron que ellos comprarían el obsequio que Santa no le trajo. 

No lo compraron, pero fue su padre quien gritó horrorizado la buena noticia. El abuelo no bajaba y el desayuno estaba servido. Subió a buscarlo y soltó un alarido al encontrarlo muerto. El niño había pedido a Santa la cabeza del monstruo llamado abuelo, pero aquello también valía.

 

124

Soñó que la policía hurgaba en su jardín y encontraba a Santa muerto, y que él lo había matado. Al despertarse, corrió al jardín. No había policías, ni perros husmeando la tierra. Suspiró aliviado. Su secreto estaba a salvo. Como él, esa navidad ningún niño recibiría juguetes.

¡Si Santa tan solo le hubiera traído la bicicleta que año tras año pedía aquello no hubiera ocurrido!

 

125

Su esposo se marchó al descubrir que era una bruja, dijo que no podía ver cómo jugaba con la vida y la muerte, con secretos oscuros. Ella lo dejó ir. No le sorprendió que la policía llegara para comunicarle que habían encontrado su cuerpo. Fingió tribulación y permitió que revisaran la casa. Merced a sus artes, no descubrieron su laboratorio. Más tarde, entró en este y descubrió el espejo de cuerpo completo. Allí estaba él, atrapado, al menos su alma. 

—Juntos por siempre, mi amor —le recordó.

Cubrió la cortina y volvió al trabajo. Si no quería ver, no vería.   


---FIN---

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