sábado, 17 de diciembre de 2022

Microcuentos 61- 65

 61

Lo aterrador no fue ver los cadáveres de mis padres. Lo aterrador fue descubrir el cuchillo ensangrentado en mis manos.

Pero más aterrador era aquella voz en mi cabeza.

—Bien hecho, —dijo—. Bien hecho. ¿No crees que es hora de hacerle una visita al resto de la familia?

viernes, 16 de diciembre de 2022

Ebrio

Estaba ebrio en mi habitación. Había empezado a tomar desde las primeras horas de la tarde. Cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta, ya era casi media noche. No tenía idea de quién podía ser, con todo, fui a abrir.

Era Mary, una jovencita que vivía a pocas cuadras de mi casa, de quien, admito, estaba prendado.

―Hola ―dije, sorprendido―. ¿Qué haces aquí?

―Supe que estás tomando y pensé que podrías invitarme una cerveza.

Era mi sueño hecho realidad. ¿Cuántas veces había soñado con algo así? Creo que siempre.

martes, 13 de diciembre de 2022

Cuentos de terror

 Se reunieron en el patio trasero de la casa de Miguel, ese día no estaban sus padres. El patio trasero de una vieja casa no es el mejor lugar para hacer una fogata, pero Miguel y sus dos amigos así lo hicieron. Llevaron salchichas, cervezas y se dispusieron a pasar una velada memorable.

El primero en contar un cuento fue Agustín:

—Esto es algo que le sucedió a mi abuelo —empezó, dando un sorbo a su lata de cerveza—. Mi abuelo, amigos, era un hombre avezado, valiente e intrépido. Nada ni nadie lo asustaba. Cazaba en los bosques más lejanos y recónditos, pescaba en los ríos más caudalosos y profundos; peleó contra leones y cocodrilos, pisoteó serpientes de gran envergadura, comió gusanos y bichos cuando, era eso o morir de hambre… No ahondaré más. Imagino que ya os quedó claro que mi abuelo no temía a nada.

»Hasta que lo vio a él, al hombre sin rostro, o, de los mil rostros, porque puede adoptar como suyo el rostro de cualquier persona. Él mismo me lo contó, en los días posteriores a su desaparición.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Microcuentos 56-60

56

Le acaricié una mejilla y me sonrió. ¡Qué hermosa era!

—Te amo —le dije.

—Y yo a ti.

Besó el dorso de mi mano y luego mi boca.

Y pensar que no sería tan feliz si al final no hubiera matado a su novio.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Hambre

 La tormenta afuera era atronadora, demencial. Los truenos retumbaban con fuerza en los cielos y los relámpagos convertían la noche en día con asiduidad. Matías no les tenía miedo a tales fenómenos de la naturaleza, pero tenía que admitir que esa noche había algo diferente, y no por primera vez se preguntó qué hacía viviendo tan lejos del poblado más cercano.

Se asomó a la ventana por enésima vez, casi como si esperara ver algo raro afuera. Que esperara ver algo era una cosa, que en efecto la viera, otra muy distinta. De manera que cuando vio a la niña de rodillas frente la verja de la cerca de su jardín, se llevó una impresión como pocas. Pese a lo ruidoso de la tormenta, escuchó la voz suplicante de la jovencita.

―¡Ayuda! ―gimió.

¿Qué hacía una niña, a tan altas horas de la noche, tan lejos del pueblo?