Mariana estaba
decididamente enamorada de Francisco. Francisco era guapo, alto, de hermoso
cabello y muy galante. Su único defecto discurría en su pobreza. Pero eso a
Mariana no le importaba, ella lo amaba, era lo único que contaba. Sus padres no
estaban de acuerdo con tal noviazgo. ¿Y cómo estarlo? En opinión de doña
Esther, la madre de Mariana, Francisco era un don nadie, un pandillero, un
muchacho sin presente ni futuro, y hasta era feo. No entendía que le veía su
hija a ese bueno para nada. Además, su hija apenas tenía quince años, a esa
edad las mujeres no deberían pensar en tales tonterías, cosa que siempre le
recordaba ella.
Puesto que ambos jóvenes querían estar juntos, decidieron fugarse. Hicieron planes y concluyeron que les iría bien. Él seguiría trabajando en el taller de don Gonzalo y ella estudiaría. Así que ¿qué podría salir mal? Definitivamente la perspectiva del fracaso no aparecía ni en el más lejano horizonte. Se pusieron de acuerdo, marcaron el día en el calendario y esperaron pacientes la llegada de la gran fecha, el día que por fin estarían juntos, cosa que nada ni nadie podría evitar.




