jueves, 27 de octubre de 2022

La fuga

 

Mariana estaba decididamente enamorada de Francisco. Francisco era guapo, alto, de hermoso cabello y muy galante. Su único defecto discurría en su pobreza. Pero eso a Mariana no le importaba, ella lo amaba, era lo único que contaba. Sus padres no estaban de acuerdo con tal noviazgo. ¿Y cómo estarlo? En opinión de doña Esther, la madre de Mariana, Francisco era un don nadie, un pandillero, un muchacho sin presente ni futuro, y hasta era feo. No entendía que le veía su hija a ese bueno para nada. Además, su hija apenas tenía quince años, a esa edad las mujeres no deberían pensar en tales tonterías, cosa que siempre le recordaba ella.

Puesto que ambos jóvenes querían estar juntos, decidieron fugarse. Hicieron planes y concluyeron que les iría bien. Él seguiría trabajando en el taller de don Gonzalo y ella estudiaría. Así que ¿qué podría salir mal? Definitivamente la perspectiva del fracaso no aparecía ni en el más lejano horizonte. Se pusieron de acuerdo, marcaron el día en el calendario y esperaron pacientes la llegada de la gran fecha, el día que por fin estarían juntos, cosa que nada ni nadie podría evitar.

sábado, 22 de octubre de 2022

Microcuentos 36-40

 36

La mujer suspira con pesadumbre. Otra vez la puerta permaneció cerrada. Nadie fue a verla tampoco ese día.

—¿Es que están todos muertos? ¡Nadie vino a verme!

—Alégrate por ello, abuela. Eso significa que viven. Recuerda que los que morimos fuimos nosotros.

 

37

El hombre fue encadenado por la tarde en el bosque. Esa noche había luna llena y la gente estaba harta de los continuos ataques del monstruo.

jueves, 20 de octubre de 2022

El ladrido del perro

 


Los incesantes ladridos de Tobby lo despertaron. Jonás, un solitario setentero, fue arrancado de su lascivo sueño con veinteañeras casi con brusquedad. Los constantes ladridos del perro no eran normales. Tobby no era así. Algo debía de estar ocurriendo afuera para que actuara de aquella forma. Un ladrón quizá.

Sus huesudas piernas, afectadas por la artritis, protestaron cuando las hizo salir de la cama. Encendió la lámpara con temblorosas manos y después fue a por el viejo rifle que guardaba en el armario.

Afuera, el perro ladraba incesante.

Jonás recorrió los pasillos pensando en la causa de la inquietud de Tobby, presto el rifle para disparar al primer maleante que se le pasara por delante.

martes, 18 de octubre de 2022

El cazador

 

Jon Davis era conocido en todo el pueblo por ser el más intrépido cazador que alguna vez haya hollado la región. Muchos incluso aseveraban que era el más grande cazador de todo el país, que ya eran palabras mayores. Jon Davis se dedicaba a la caza desde que era un mozuelo. Su primera presa fue un conejo, un conejo dulce y tierno que a veces jugaba con él; era el conejo de los vecinos. Pero eso no impidió que un día Jon le reventara la cabeza con una piedra lanzada desde su honda fabricada por su hermano mayor. A partir de ese momento Jon Davis se empecinó con la caza.

A sus cincuenta y tres años, edad avanzada para algunos, para Jon Davis no, aún se atrevía a ir de cacería. La mayoría de las ocasiones prefería ir solo, siempre había sido así, y no le gustaba compartir los secretos que con tanto esfuerzo había descubierto a lo largo de su vida como cazador.

En una ocasión partió de caza junto al mejor de sus perros. Montó en su ruano y cabalgó hasta el bosque. Allí, dejo a la caballería en el lugar de costumbre y se adentró junto a su fiel compañero en las entrañas de una selva casi virgen.

viernes, 14 de octubre de 2022

Microcuentos 31-35

 31

El hombre se mesó el cabello, frustrado, asustado, confundido. El demonio frente a él sonreía con sorna.

—No es posible —dijo el hombre—. ¡Es imposible! —gritó.

—El trato era dinero y mujeres a cambio de tu alma. Vine a cobrar.

—¿Cómo es posible? ¡Sellamos el pacto hace tres días!

—Fue lo único que tu alma pútrida logró pagar.

miércoles, 12 de octubre de 2022

El niño del lago

Era una parte solitaria del lago, una parte a la que casi nadie iba. Por eso fue que me sorprendió ver a un niño allí. Estaba de espaldas, las piernas sumergidas en el agua, los hombros encogidos en gesto de abatimiento. Pensé que estaba triste por algo. Así que me acerqué para ver qué le ocurría.

El niño se volvió al oír mis pisadas que se acercaban. La sonrisa que me dirigió era de infinita tristeza, de desolación. Sus ojos, grandes y negros, reflejaban lo mismo que su sonrisa. Me sentí conmovido.

―¿Qué haces aquí tan solo, pequeño? ―le pregunté, agachándome a su lado.

lunes, 10 de octubre de 2022

El guardián del parque

 

     Marcelo, Carlos y yo parecíamos unos jóvenes normales. Íbamos a la escuela todos los días, jugábamos fútbol, de vez en cuando nos acercábamos a una iglesia (he de admitir que casi siempre para ver a las chicas) e incluso no teníamos malas notas. Pero todo era una fachada.

Por las noches nos cambiábamos los rostros y salíamos a hacer lo que más nos gustaba: fumar marihuana e inhalar cocaína. Pero como sabrán, todo eso cuesta dinero. Puesto que era obvio que nuestros padres no nos darían dinero para conseguir las drogas, teníamos que buscarlo mediante otros medios, medios fáciles por supuesto. ¿Y qué medio es más fácil que robar? Sí, robar. Robábamos una o dos veces por semana. Nos metíamos a los negocios, a las casas y de vez en cuando asaltábamos a los peatones. Siempre buscábamos dinero y joyas, pero cuando no encontrábamos ni lo uno ni lo otro, nos teníamos que conformar con electrodomésticos, piezas de artesanía, pinturas, mobiliario de oficina y todo aquello que fuera posible robar y canjear por dinero.

Con dinero en mano nos dirigíamos a nuestro proveedor de drogas, un señor propietario de un bar al que llamaban Chancho. Por supuesto, don Chancho sabía que nosotros éramos los ladrones de la comunidad, pero como él también se veía beneficiado, nunca nos delató.

viernes, 7 de octubre de 2022

Microcuentos 26-30

 26

Despertó y todo era negrura. Tanteó la pared y accionó el apagador: la negrura continuó imperturbable. Pasó la mano frente a sus ojos, nada, apenas sintió el viento.

Empezó a gritar desesperado cuando recordó que tres días atrás había perdido la vista en un accidente.

 

27

—Mamá, ¿por qué a mí no me serviste el desayuno?

La mujer miró a otro lado, nerviosa y asustada. El marido notó su reacción.