126
Fin de un año calendario. Inicio de otro. Pero el
interminable ciclo de la vida continúa, y de la muerte. No fue un año tan
distinto de los demás. Vidas que vienen y van, risas y llanto, lágrimas por uno
u otro motivo. Y el año que empieza, tampoco lo será. Más vida, más muerte, y a
ella le corresponderá presenciar esta última, como ayer, como hoy, como mañana,
como siempre. Coge su hoz con gesto cansino, no es su arma, más bien un
emblema. Y allá va de nuevo, hastiada de tanto dolor y muerte, pero es su
trabajo, y nadie más quiere hacerlo.
127
El arqueólogo encontró el mural cubierto de suciedad. Empezó
a limpiar, de arriba abajo, entusiasmado por los jeroglíficos que pudiera
encontrar. Pero tras el polvo no había jeroglíficos, sino el grabado de un ser
de rostro alargado, cuernos, párpados cerrados y enormes colmillos. Era una
estampa que imponía. El arqueólogo no se amilanó y continuó limpiando. Al
llegar a la parte inferior descubrió que a los pies del espantoso grabado yacía
una víctima humana. ¡Y el rostro de la víctima era el suyo! Fue entonces que el
demonio abrió sus ojos rojos repletos de malignidad.
128
Encontraron los tres cuerpos en un terreno baldío. A
uno le faltaba la cabellera, al otro los ojos y al último la boca, dentadura
incluida. A la policía le resultó fácil seguir el rastro y llegar hasta el
culpable. Era Eddy, un chico de la escuela. Sin embargo, nadie sospechaba lo
que se iban a encontrar: Eddy intentaba injertarse lo sustraído a las víctimas.
Nadie excepto yo. Pero es algo que me horroriza y
jamás diré. Fui yo quien le dije que la única manera de que me gustara era que
tuviera el pelo de Luis, los ojos de Miguel y la sonrisa de Daniel.
129
De los Dark se dijo que eran ladrones. Pero ha pasado
un año desde que llegaron al pueblo y nadie ha echado en falta siquiera una
moneda. Pensé que eran simples habladurías, pero no lo eran. Son ladrones,
ahora lo sé. Sin embargo, no son ladrones convencionales. Lo descubrí cierta
noche que volvía de una fiesta. Me aventuré a pasar por el cementerio y fue
cuando los vi: rompían una tumba. Así supe que lo que robaban eran cadáveres. Y
ahora me pregunto: ¿con qué propósito?
130
De inmediato noté que en aquel pueblo flotaba un aura
malsana. Al preguntar, me informaron que se debía a un monstruo que acosaba el
lugar. También dijeron que, en caso de oír un rugido, debía acudir a una casa
ubicada en la periferia del pueblo. Esta poseía salvaguardas que repelían al
monstruo. Así que, al oír el aterrador rugido esa noche, corrí raudo hacia el
lugar indicado. Al acercarme a la casa, frente a esta vi una sombra semihumana
que alzaba el rostro al cielo. Entonces oí el rugido. Demasiado tarde comprendí
que no me habían enviado a la salvación. ¡Me habían enviado a la muerte!
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