jueves, 7 de septiembre de 2023

Microcuentos 126-130

 126

Fin de un año calendario. Inicio de otro. Pero el interminable ciclo de la vida continúa, y de la muerte. No fue un año tan distinto de los demás. Vidas que vienen y van, risas y llanto, lágrimas por uno u otro motivo. Y el año que empieza, tampoco lo será. Más vida, más muerte, y a ella le corresponderá presenciar esta última, como ayer, como hoy, como mañana, como siempre. Coge su hoz con gesto cansino, no es su arma, más bien un emblema. Y allá va de nuevo, hastiada de tanto dolor y muerte, pero es su trabajo, y nadie más quiere hacerlo.

 

127

El arqueólogo encontró el mural cubierto de suciedad. Empezó a limpiar, de arriba abajo, entusiasmado por los jeroglíficos que pudiera encontrar. Pero tras el polvo no había jeroglíficos, sino el grabado de un ser de rostro alargado, cuernos, párpados cerrados y enormes colmillos. Era una estampa que imponía. El arqueólogo no se amilanó y continuó limpiando. Al llegar a la parte inferior descubrió que a los pies del espantoso grabado yacía una víctima humana. ¡Y el rostro de la víctima era el suyo! Fue entonces que el demonio abrió sus ojos rojos repletos de malignidad.    

 

128

Encontraron los tres cuerpos en un terreno baldío. A uno le faltaba la cabellera, al otro los ojos y al último la boca, dentadura incluida. A la policía le resultó fácil seguir el rastro y llegar hasta el culpable. Era Eddy, un chico de la escuela. Sin embargo, nadie sospechaba lo que se iban a encontrar: Eddy intentaba injertarse lo sustraído a las víctimas.

Nadie excepto yo. Pero es algo que me horroriza y jamás diré. Fui yo quien le dije que la única manera de que me gustara era que tuviera el pelo de Luis, los ojos de Miguel y la sonrisa de Daniel.

 

129

De los Dark se dijo que eran ladrones. Pero ha pasado un año desde que llegaron al pueblo y nadie ha echado en falta siquiera una moneda. Pensé que eran simples habladurías, pero no lo eran. Son ladrones, ahora lo sé. Sin embargo, no son ladrones convencionales. Lo descubrí cierta noche que volvía de una fiesta. Me aventuré a pasar por el cementerio y fue cuando los vi: rompían una tumba. Así supe que lo que robaban eran cadáveres. Y ahora me pregunto: ¿con qué propósito?

 

130

De inmediato noté que en aquel pueblo flotaba un aura malsana. Al preguntar, me informaron que se debía a un monstruo que acosaba el lugar. También dijeron que, en caso de oír un rugido, debía acudir a una casa ubicada en la periferia del pueblo. Esta poseía salvaguardas que repelían al monstruo. Así que, al oír el aterrador rugido esa noche, corrí raudo hacia el lugar indicado. Al acercarme a la casa, frente a esta vi una sombra semihumana que alzaba el rostro al cielo. Entonces oí el rugido. Demasiado tarde comprendí que no me habían enviado a la salvación. ¡Me habían enviado a la muerte!

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