sábado, 29 de abril de 2023

Microcuentos 86-90

86

Era su primer aniversario. Había decorado con esmero el comedor: rosas, velas, música romántica. La vajilla era importada y las copas de cristal; había dedicado toda la tarde a preparar el salmón, el vino era de una cosecha antiquísima. Se vistió elegante, de traje, como en la boda, se aplicó colonia y una rosa en la solapa.

Durante la cena le contó su día con jovialidad, como tantas otras noches. Ella lo oía. Cuando terminó, empezó a llorar. La foto, parco recuerdo de cuando ella vivía, estaba recostada en el respaldo de la otra silla. 

 

87

Mamá se fue cuando yo era niño. Pensé que no la volvería a ver. Pero la vi. Y nunca se fue. Todo ese tiempo estuvo muerta en un armario empotrado en la pared del estudio de papá.

Aprovechando que papá no está en la ciudad, empecé a construir un segundo armario al lado del primero. Mis padres estarán juntos. Como debe ser. Después de todo: eran marido y mujer.

 

88

Frente a su cama había un retrato. Todas las noches un rostro familiar lo vigilaba con ojos recriminatorios desde ese cuadro. Toda la noche sentía los ojos clavados en él, y su sueño se veía cuajado de pesadillas.

Una noche era su padre; otra, su madre; la siguiente, su hermana; su esposa… simplemente aparecían y no se iban hasta la llegada del alba. Pero no quitaba el cuadro ni se mudaba de habitación. Era su justo castigo. Después de todo, él los había matado a todos.

 

89

Siempre supe que sería de él. Nuestros padres fueron mejores amigos desde la infancia, y él y yo nacimos el mismo año. Crecimos juntos y ya desde niños prometimos que un día nos casaríamos.

Pero él se fue a estudiar al extranjero y yo me enamoré y me casé. Volvió, y ahora me encuentro en su sótano, atada y amordazada; soy toda de él. Es lo justo. Después de todo, yo rompí nuestra promesa.

 

90

Estaba haciendo limpieza en mi cuarto cuando debajo de la cama vi algo que me aterró: se trataba de un niño. Lo tomé de una pierna y lo saqué a la luz: ¡Era el hijo del vecino!

Llevándolo conmigo corrí como alma que lleva el diablo. Al final, pude respirar con alivio. De las siete jaulas, la suya era la única abierta. Todos los demás continuaban en su sitio. 

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