Bueno, antes de
llegar al final creo que debo empezar.
Antes que nada, me
presentaré. Mi nombre es José Mejía, actualmente tengo treinta años y vivo con
mi esposa y dos hijos en una pequeña aldea del departamento de Jalapa, a más de
cien kilómetros de la cabecera departamental.
El momento que aún me aterra en mis sueños y me causa intranquilidad durante la vigilia ocurrió hace dos años, una madrugada de un día de febrero. El día anterior había decidido viajar al pueblo, a la cabecera departamental concretamente. Ahora bien, para llegar a buena hora a mi lugar de destino debía levantarme muy temprano y salir a esperar la camioneta que pasaba a las cuatro de la madrugada.
